Curso «Textos Científicos con LaTeX» de la Universidad Complutense » Ricardo de Pablo - Corrector de textos
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Curso «Textos Científicos con LaTeX» de la Universidad Complutense

LaTeX

LaTeX… Esa cosa para ingenieros y matemáticos, que tanto se parece al código de programación y que no es para el común de los mortales. Siempre me había interesado (a cualquier entusiasta de las letras debería picarle la curiosidad cuando oye hablar de algo que presume de servir para componer documentos con la más exquisita tipografía), pero nunca le había puesto las manos encima.

Hace algunas semanas me topé, por esos azares de la navegación online, con que la Universidad Complutense de Madrid (mi alma mater, con perdón de la mesa) ofrecía un curso de introducción a LaTeX a través de sus Cursos de Formación en Informática. No me pude resistir.

Acabo de terminarlo y lo tengo que decir sin rodeos: me he enamorado de este sistema. La belleza de sus resultados está a la altura de lo que promete, y la dificultad para manejarlo, al menos para un uso básico o medio, no es tal, muy al contrario. De hecho, a lo largo de las semanas que he pasado resolviendo las actividades del curso no he podido dejar de pensar en lo sencilla que hubiera sido mi vida como estudiante de Filología Hebrea si lo hubiera descubierto en aquellos tiempos.

No me voy a extender en explicar qué es LaTeX, quien esté interesado puede consultarlo en numerosas y excelentes fuentes. En primer lugar, por aquello de barrer para casa, habría que dirigirse a la página de Javier Bezos, socio de honor de la Unión de Correctores y gurú indiscutible del ramo; pero también:

Y muchísimas más. Como sucede siempre con el software libre, la comunidad de usuarios de LaTeX es enorme y muy activa.

¿Por qué me ha gustado?

Sin ánimo de ser exhaustivo, diría que mi recién descubierto entusiasmo por LaTeX se debe a las siguientes características:

Sencillez

Imagen del PDF generado mediante LaTeX del artículo contenido en esta entrada.

Como ejemplo de los resultados básicos que se pueden obtener con unos conocimientos mínimos de LaTeX, adjunto la copia de este artículo en un PDF generado a partir del LaTeX original. Como único adorno añado unos colores para identificar los textos que contienen algún enlace. Pulsa en la imagen para descargarlo.

Como señalaba antes, lejos de la dificultad que hace temer su aspecto de código de programación, LaTeX es un sistema al alcance de cualquiera que esté dispuesto a tomarse un mínimo esfuerzo para aprender algunas cosillas. Un esfuerzo que, por otra parte, no es mucho mayor que el necesario para aprender a manejarse medianamente bien con Word. Baste decir aquí que con unas pocas horas de familiarización y tras haber comprendido dos o tres conceptos al alcance de todos los públicos, es posible empezar a componer bellísimos documentos, elegantes, claros, con una tipografía impoluta.

Evidentemente, dominar LaTeX en toda su extensión sí que puede resultar duro, sobre todo si queremos componer documentos con una distribución muy compleja, pero eso mismo puede decirse de cualquier otro sistema.

Minimalismo

Los documentos que produce LaTeX por defecto se distinguen por su claridad, lograda gracias a un uso mínimo de recursos tipográficos. Esto, que pudiera parecer aburrido comparado con el festival de luz y color que permiten desatar los procesadores de textos habituales, lo entiendo como una enorme ventaja, ya que no es raro que buena parte del diseño y la maquetación, sobre todo amateur, sea por completo innecesaria cuando no perjudicial.

Resultados profesionales

LaTeX es un sistema diseñado para arrojar resultados aptos para la imprenta, cosa que no sucede con los procesadores de textos. En este sentido, podría pensarse que su función es equiparable a la de InDesign, pero LaTeX no es un programa de maquetación sino un sistema de composición. La diferencia entre composición y maquetación nos la explica el propio Javier Bezos en su Tipografía y notaciones científicas (2008, 184):

Los programas de maquetación, como InDesign […], tienen como principal propósito distribuir texto e imágenes en las páginas, es decir, se centran en la macrotipografía; por lo general, apenas se ocupan de los aspectos microtipográficos. […] Los programas de composición se centran en el texto y en la microtipografía. Por desgracia, los programas de composición han sido desplazados por los programas de maquetación, aun cuando estos últimos no son la mejor opción en muchos libros, que no requieren de una maqueta especial.

Otra forma de pensar

Quizá la mayor dificultad a la hora de trabajar con LaTeX resida no en sus características técnicas, sino en el diferente modo de abordar el trabajo que —en beneficio nuestro— nos impone.

En efecto, con LaTeX no podemos mezclar la redacción de nuestro documento con su maquetación o composición tipográfica. Primero tenemos que pensar qué es lo que vamos a decir, cómo lo vamos a estructurar y en qué partes se va a dividir. Después nos tendremos que poner a escribir y a marcar el texto con las instrucciones que le dirán al compilador de LaTeX (nuestro tipógrafo particular) qué es cada cosa, para que él le dé el aspecto adecuado al documento final.

OpenOffice, Google Docs, Word y sus primos nos ponen demasiado fácil mezclar tareas, lo que a veces puede ser una ventaja, pero con frecuencia se convierte en un hándicap.

Texto plano

Icono de texto plano. Lápiz editando un documento del Bloc de notas.

El humilde texto plano, sin formatos ni refinamientos estilísticos, es una herramienta poderosísima para el trabajo intelectual. Gracias a LaTeX, además, lo podemos convertir en preciosos documentos listos para la imprenta.

Los documentos de LaTeX no son otra cosa que texto plano marcado para que el compilador distinga las diferentes partes. Me gusta especialmente que se trate de texto plano porque nunca he podido quitarme de la cabeza la idea de que algún día los gigantes tecnológicos tendrán la humorada de retirar del mercado sus procesadores de textos, o la de cambiarlos por otros incompatibles. ¿Y qué pasará con toda esa sabiduría volcada en nuestros documentos?, ¿eh? «Eso no tiene por qué suceder, es una paranoia tuya», se dirá. De acuerdo; pero, después de las cosas que hemos visto últimamente, ¿quién se jugaría algo?

Con el texto plano no tenemos formatos, colores, estilos ni ningún otro refinamiento, pero sí la casi total seguridad de que en el futuro, sea como sea el dispositivo que tengamos, podremos leer y modificar nuestros .txt con él. Y sin necesidad de esperar al futuro, cualquier editor de texto actual, de cualquier sistema operativo, puede abrir y editar estos archivos, así que los problemas de incompatibilidades desaparecen como por arte de magia.

Además, aunque el peso de los archivos ya no es en general un problema, los de texto plano siempre serán más ligeros que los de Word y sus parientes.

Los usuarios de Linux manejan frecuentemente archivos de este tipo, pero creo que no sucede lo mismo con los de Mac o Windows. Quizá sea una buena idea empezar a usar el humilde Bloc de Notas para almacenar las cosas realmente importantes.

Coste

Por último, pero no menos importante: todo lo que necesitamos para trabajar con LaTeX es gratuito. La más bella tipografía a coste cero… No está mal.

El curso

El autodidactismo es una necesidad del mundo moderno y puede llegar muy lejos si quien lo ejerce lo hace con método, constancia y los materiales adecuados. Esto es especialmente cierto cuando hablamos de tecnología y más en particular de software libre, como LaTeX.

No obstante, a pesar de lo anterior, yo siempre he pensado que un curso introductorio en la materia (la que sea) supone un enorme ahorro de tiempo a la hora de abordar un tema, también para el autodidacta nato que luego tenga intención de seguir profundizando en él por cuenta propia. Un curso supervisado te coloca en la vía, te permite ganar velocidad en poco tiempo al minimizar los palos de ciego que inevitablemente se dan al entrar en algún campo sin guía.

En ese sentido, el curso Textos Científicos con LaTeX me parece absolutamente recomendable. En unas pocas semanas logra que alguien que jamás había puesto las manos sobre LaTeX sea capaz de componer documentos de mediana complejidad, con imágenes, tablas, bibliografías, notación matemática, tablas de contenidos, índices de figuras, hipervínculos, notas al pie y al final, referencias cruzadas, etcétera. Y te encarrila para que puedas empezar a pelearte con documentos extensos tales como tesis, trabajos de fin de grado o libros.

Diseñado para unas cuarenta horas de dedicación, se divide en ocho lecciones, seis de ellas evaluables mediante ejercicios que ponen a prueba, de forma acumulativa, los contenidos del curso. La resolución de los ejercicios nos puede servir, además, para ir componiendo una plantilla con todas las herramientas de uso habitual, para tenerla disponible cuando nos enfrentemos a la tarea de editar nuestros propios documentos en LaTeX. Por su parte, los apuntes, además de guiarnos durante el curso, constituyen un manual de consulta que nos será muy útil para resolver dudas como futuros usuarios de LaTeX. La redacción es clara y prescinde de todo lo accesorio para concentrarse en transmitir las técnicas de edición esenciales.

Conclusión

En resumen: una excelente forma de introducirse en un mundo apasionante y lleno de posibilidades que, por desgracia, no he conocido mucho antes.