Cómo usar las tablas de Word para crear diseños de página complejos » Ricardo de Pablo - Corrector de textos
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Cómo usar las tablas de Word para crear diseños de página complejos

Es posible que en alguna ocasión, al formatear un documento de Word, hayas necesitado componer páginas con una distribución más compleja de lo habitual. Puede suceder, por ejemplo, cuando deseamos combinar texto e imagen en columnas, colocar elementos fuera del margen, mezclar tablas con imágenes…

Una pesadilla, al menos si no te llevas del todo bien con el programa. Sin embargo, Word nos ofrece una herramienta para solventar de forma rápida y fácil esta clase de situaciones: las tablas. En efecto, además de para mostrar información tabulada, también podemos emplearlas para resolver multitud de problemas de maquetación.

El problema

En cualquier programa de autoedición, por simple que sea, podemos crear fácilmente una retícula para distribuir y alinear en la página textos e imágenes. Word carece de esa posibilidad, lo que complica componer diseños que se aparten del habitual texto dispuesto en una sola columna.


La retícula es una herramienta imprescindible de la maquetación y el diseño gráfico. En uso desde los años veinte y, de forma más generalizada, desde los sesenta, es el instrumento para crear diseños racionales, objetivos y proporcionados. El manual clásico sobre el tema es el Sistemas de retículas de Josef Müller-Brockmann. Escrito en una época en la que los actuales medios de diseño apenas se vislumbraban, sigue siendo una lectura imprescindible. Evidentemente, Word no permite emplear este sistema en toda su extensión, pero podemos inspirarnos en él para resolver algunos problemas.


Las soluciones habituales

Cuando un usuario de Word necesita crear maquetaciones de este tipo, las soluciones que suele adoptar son las siguientes:

Para insertar una imagen
Lo común es introducirla como elemento flotante y alinearla con aquello a lo que tenga que acompañar. Esa alineación se suele hacer a ojo, aunque Word ofrece unas rudimentarias guías (Formato de imagen > Organizar > Alinear > Usar guías de alineación).

Una de las guías de alineación que nos ofrece Word. Pueden resultar de utilidad en ocasiones, pero, en general, no son demasiado precisas.

Para distribuir texto en columnas
Lo más intuitivo es seleccionar el texto, dirigirse a Disposición > Columnas y elegir el número de ellas que queremos en la sección. Word recompondrá el texto en la cantidad de columnas que le hayamos indicado. También insertará por nosotros los correspondientes saltos de sección antes y después de la zona columnada.

Cuadros de texto
Naturalmente, también tenemos los cuadros de texto flotantes, que permiten colocar cualquier cosa en cualquier sitio y crear cualquier combinación que se nos ocurra.

Con esto tenemos resuelto el problema, ¿no?

Por desgracia, no.

Por qué no son recomendables las soluciones habituales

Si bien todos los métodos que acabamos de enumerar nos pueden sacar del apuro en un momento dado, con frecuencia no son los más recomendables. Veamos por qué.

Imágenes flotantes
Pueden ser una solución aceptable si son pocas y las ajustamos adecuadamente (indicando que se desplacen con el texto). Sin embargo, si las imágenes de nuestro documento son muy abundantes, introducirlas como elementos flotantes puede volverlo difícil de manejar y mantener. Un problema que se agrava si va a experimentar modificaciones de calado tras maquetarlo.

Cuadros de texto
Algo similar cabe decir de los cuadros de texto. Hemos de ser cuidadosos al emplearlos, sobre todo si, como ya hemos señalado antes, el documento lo van a manejar posteriormente otras personas. El cuadro flotante, como su propio nombre indica, flota. Aunque podemos fijar su posición o «engancharlo» al texto al que debe acompañar, rara vez es la solución óptima para un problema de composición. Sí pueden ser útiles cuando queremos combinar texto e imagen en alguna disposición «creativa», pero con precaución.

Saltos de sección internos
Crear una sección de varias columnas dentro de un documento de una sola es la solución más indicada si el texto abarca más de una página. Sin embargo, los saltos de sección hacen que el documento aumente de peso, algo que hay que tratar de evitar.

Por otra parte, hay que considerar si el documento va a ser modificado posteriormente por otras personas. En tal caso, puede pasar que, por descuido, al modificarlo borren alguno de los saltos de sección que delimitan la zona columnada. Si eso sucede, el documento se descompondrá y el usuario se encontrará con un problema inesperado.


Si necesitamos componer un texto en columnas y no es necesario que este fluya de una página a otra, casi siempre resulta más recomendable colocarlo dentro de una tabla (como aparece en la imagen inferior) que entre saltos de sección. Con ese sencillo truco aligerarás el documento y lo harás mucho más fácil de editar.


En resumen: imágenes flotantes, cuadros de texto y saltos de sección complican el manejo del documento para todo aquel que no sea su autor.


Mantenimiento
Los documentos de Word rara vez se crean como versiones finales. Lo más frecuente es que, antes o después, el texto que hemos formateado cuidadosamente experimente cambios. Por eso, al maquetarlo, es esencial observar la precaución de emplear recursos que simplifiquen su manejo tanto como sea posible.


La solución

Vistos los problemas, veamos ahora la solución.

Como decíamos al principio, las tablas solventan la mayor parte de las dificultades de maquetación que se nos planteen en un documento de Word. Veámoslo con un ejemplo.

Queremos componer el siguiente documento: un texto en la columna izquierda con dos imágenes a la derecha, cada una con su correspondiente pie. La columna derecha terminada en un código QR y una nota referida a él. Toda esta página está maquetada dentro de una tabla de tres columnas. Veamos cómo crearla.

Nuestro objetivo. Esta es la página que vamos a crear sirviéndonos de una tabla para colocar cada elemento en su sitio.

Creación de la retícula

1
Todo comienza introduciendo una tabla de tres columnas y una fila. A partir de ella construiremos la retícula.

2
Con la tabla en el documento, colocamos el cursor en la primera celda y nos dirigimos a Disposición > Propiedades > Columna.

3
Una vez ahí, pulsamos en Medir en. Aquí, en lugar de centímetros, le indicamos a Word que deseamos medir la longitud de las celdas en porcentaje.

4
A continuación, nos situamos en la celda Ancho preferido. Desde aquí señalaremos qué porcentaje del total de la tabla queremos que abarque cada celda. Necesitamos una tabla en la que las celdas de los extremos sirvan como contenedores del texto y las imágenes que vamos a maquetar. La columna central actuará como separador. Así pues, vamos a establecer que los porcentajes de cada una de las celdas sean, respectivamente, 48%-4%-48%. Para ello, tecleamos el porcentaje en Ancho preferido y, a continuación, pulsamos en Columna siguiente.
Cuando hayamos establecido los porcentajes de las tres, pulsamos en Aceptar.

5
Como habrás podido apreciar si has seguido los pasos hasta aquí, la tabla que obtenemos no es todavía la que necesitamos.
Para que adopte la longitud necesaria, tenemos que seleccionar la tabla completa y, a continuación, pulsar en Disposición > Autoajustar > Autoajustar a la ventana. Con ello haremos que la tabla se extienda de margen a margen de nuestro documento.

6
Un último paso necesitamos para crear la tabla a partir de la cual compondremos el documento. Con ella aún seleccionada, pulsamos en Disposición > Autoajustar > Ancho de columna fijo. Con esta característica hacemos que las celdas conserven la anchura que hemos establecido en los pasos anteriores, independientemente del contenido que volquemos en ellas.

Maquetación del documento

Ya tenemos la tabla con la que vamos a estructurar la página. Ahora debemos comprobar cuántos elementos hemos de ajustar en ella. Vamos a necesitar, además de las tres columnas, siete filas para acomodar las imágenes, sus pies y el QR de la esquina inferior derecha. Dos de las filas las emplearemos como separadores horizontales entre las imágenes de la columna derecha.

Las añadimos por cualquiera de los métodos posibles, a saber:

A
Colocarse en la última celda de la última fila y pulsar Intro.

B
Seleccionar la última fila y > botón derecho del ratón > Insertar filas debajo.

C
Pasar el cursor sobre la fila y pulsar el + que se muestra a la izquierda.

Con las filas ya añadidas, seleccionamos las celdas de la columna izquierda y pulsamos en Disposición > Combinar celdas. Así las fundiremos en una sola que albergará la columna de texto principal.

Con ello tenemos ya la retícula para ordenar los elementos de la página. Ahora solo falta colocarlos en sus lugares correspondientes y aplicar los estilos y ajustes necesarios para obtener un aspecto lo más ordenado y armonioso posible.

Las celdas de la tabla se convierten en campos reticulares. Ahora ya podemos colocar en ellos el texto y las imágenes y ajustarlos adecuadamente. Las celdas intermedias actúan de medianiles.

Tablas dentro de tablas

Ya hemos visto la capacidad de las tablas de Word para ordenar elementos en la página. Una capacidad que se puede llevar aún más lejos si consideramos que las tablas pueden anidarse. Es decir, podemos introducir una tabla dentro de otra. Eso nos permite, en nuestro ejemplo, resolver la colocación del QR con la nota que lo acompaña.

Pulsamos en la celda inferior derecha de la tabla principal y, mediante el procedimiento habitual, insertamos otra tabla de dos columnas. En ella colocaremos el texto y el QR.


La capacidad de anidar tablas ofrece muchísimas posibilidades de maquetación y con frecuencia resulta preferible recurrir a ella antes que a la opción de dividir celdas. No obstante, si insertamos una tabla dentro de otra que a su vez está anidada, el resultado puede ser difícil de manejar.


Podemos regular la posición de la tabla anidada empleando las mismas herramientas que usaríamos para alinear cualquier otro elemento dentro de la celda.

Al manejar tablas anidadas tenemos que observar dónde se encuentra el punto de inserción (en la tabla principal o en la contenida en ella), pues esa será la tabla sobre la que se ejecuten las operaciones.

Ocultar la tabla

Cuando ya hayamos completado la maquetación, seleccionamos la tabla completa y, en Diseño de tabla > Bordes, marcamos Sin borde. Quedarán a la vista las líneas de la cuadrícula que señalan el trazado. Para ocultarlas y ver la página sin marca alguna, pulsamos en Disposición > Ver cuadrículas para, alternativamente, mostrarlas y ocultarlas.

Otras aplicaciones

La maquetación de páginas completas no es el único caso en el que las tablas nos pueden ayudar, también podemos emplearlas para ajustes menores.

Por ejemplo, en el documento en el que estamos trabajando deseamos marcar algunos párrafos con un icono al margen que los destaque.

Para ello, podemos crear una tabla de bordes invisibles de dos columnas: la izquierda, situada fuera del margen, contendrá el icono; la derecha, el texto.

En este caso, la creación es más sencilla que en el ejemplo anterior. Podemos insertar la tabla y, con el ratón, arrastrar los bordes hasta alinearlos. Sin embargo, es más preciso emplear el cuadro Propiedades para especificar un margen negativo para la celda izquierda de la tabla. Después habrá que seleccionar la tabla y establecer que el ancho de columna sea fijo.

Solo quedará ya colocar el texto y el icono y ajustar la alineación de ambos dentro de sus respectivas celdas. Por último, ocultaremos los bordes de la tabla.

Automatizar la creación de retículas

Se puede alegar que la ventaja de insertar imágenes flotantes y cuadros de texto es la rapidez. Es cierto que en un primer momento puede parecer más ágil esa forma de trabajar. Pero si contamos el tiempo necesario para alinear los elementos y lo sumamos al que hay que perder en corregir desajustes, la ventaja queda neutralizada.

Por otra parte, dado que las retículas que emplearemos serán habitualmente de dos o tres campos, podemos almacenarlas para insertarlas de un teclazo en nuestros documentos.

Para ello, compuesta la tabla y antes de volcar nada en ella, selecciónala, dirígete a la pestaña Insertar > Texto > Explorar elementos rápidos. Al desplegarlo, te ofrecerá la opción de guardarla como uno de esos elementos (los antes llamados bloques de creación). Así, cuando quieras crear una retícula, solamente tendrás que desplegar el cuadro e introducirla en el documento.

Limitaciones

Word no es un programa de maquetación; eso es algo que hay que tener siempre en cuenta. Todos los trucos que hemos visto son aproximaciones indirectas para resolver problemas de composición de textos. Por tanto, no es raro que nos topemos con dificultades si deseamos llevar el truco demasiado lejos.

El primero es, obviamente, que la maquetación mediante tablas es estupenda siempre que no sea necesario que el texto fluya de una página a otra.

Por otra parte, si nuestro diseño es de más de tres columnas, puede que se produzcan leves desajustes en su anchura. Nos encontraremos así con que no ocupan el porcentaje exacto que indicamos al crear la tabla.

Nótese que la anchura de la última columna es distinta a la de las otras dos. El texto, de igual tipo y cuerpo, ocupa una línea más.

Conclusión

Problemas al margen, las tablas de Word nos permiten crear multitud de diseños, y todo ello al tiempo que preservamos la solidez del documento.

Es posible que en alguna ocasión, al formatear un documento de Word, hayas necesitado componer páginas con una distribución más compleja de lo habitual. Puede suceder, por ejemplo, cuando deseamos combinar texto e imagen en columnas, colocar elementos fuera del margen, mezclar tablas con imágenes…

Una pesadilla, al menos si no te llevas del todo bien con el programa. Sin embargo, Word nos ofrece una herramienta para solventar de forma rápida y fácil esta clase de situaciones: las tablas. En efecto, además de para mostrar información tabulada, también podemos emplearlas para resolver multitud de problemas de maquetación.

El problema

En cualquier programa de autoedición, por simple que sea, podemos crear fácilmente una retícula para distribuir y alinear en la página textos e imágenes. Word carece de esa posibilidad, lo que complica componer diseños que se aparten del habitual texto dispuesto en una sola columna.


La retícula es una herramienta imprescindible de la maquetación y el diseño gráfico. En uso desde los años veinte y, de forma más generalizada, desde los sesenta, es el instrumento para crear diseños racionales, objetivos y proporcionados. El manual clásico sobre el tema es el Sistemas de retículas de Josef Müller-Brockmann. Escrito en una época en la que los actuales medios de diseño apenas se vislumbraban, sigue siendo una lectura imprescindible. Evidentemente, Word no permite emplear este sistema en toda su extensión, pero podemos inspirarnos en él para resolver algunos problemas.


Las soluciones habituales

Cuando un usuario de Word necesita crear maquetaciones de este tipo, las soluciones que suele adoptar son las siguientes:

Para insertar una imagen
Lo común es introducirla como elemento flotante y alinearla con aquello a lo que tenga que acompañar. Esa alineación se suele hacer a ojo, aunque Word ofrece unas rudimentarias guías (Formato de imagen > Organizar > Alinear > Usar guías de alineación).

Una de las guías de alineación que nos ofrece Word. Pueden resultar de utilidad en ocasiones, pero, en general, no son demasiado precisas.

Para distribuir texto en columnas
Lo más intuitivo es seleccionar el texto, dirigirse a Disposición > Columnas y elegir el número de ellas que queremos en la sección. Word recompondrá el texto en la cantidad de columnas que le hayamos indicado. También insertará por nosotros los correspondientes saltos de sección antes y después de la zona columnada.

Cuadros de texto
Naturalmente, también tenemos los cuadros de texto flotantes, que permiten colocar cualquier cosa en cualquier sitio y crear cualquier combinación que se nos ocurra.

Con esto tenemos resuelto el problema, ¿no?

Por desgracia, no.

Por qué no son recomendables las soluciones habituales

Si bien todos los métodos que acabamos de enumerar nos pueden sacar del apuro en un momento dado, con frecuencia no son los más recomendables. Veamos por qué.

Imágenes flotantes
Pueden ser una solución aceptable si son pocas y las ajustamos adecuadamente (indicando que se desplacen con el texto). Sin embargo, si las imágenes de nuestro documento son muy abundantes, introducirlas como elementos flotantes puede volverlo difícil de manejar y mantener. Un problema que se agrava si va a experimentar modificaciones de calado tras maquetarlo.

Cuadros de texto
Algo similar cabe decir de los cuadros de texto. Hemos de ser cuidadosos al emplearlos, sobre todo si, como ya hemos señalado antes, el documento lo van a manejar posteriormente otras personas. El cuadro flotante, como su propio nombre indica, flota. Aunque podemos fijar su posición o «engancharlo» al texto al que debe acompañar, rara vez es la solución óptima para un problema de composición. Sí pueden ser útiles cuando queremos combinar texto e imagen en alguna disposición «creativa», pero con precaución.

Saltos de sección internos
Crear una sección de varias columnas dentro de un documento de una sola es la solución más indicada si el texto abarca más de una página. Sin embargo, los saltos de sección hacen que el documento aumente de peso, algo que hay que tratar de evitar.

Por otra parte, hay que considerar si el documento va a ser modificado posteriormente por otras personas. En tal caso, puede pasar que, por descuido, al modificarlo borren alguno de los saltos de sección que delimitan la zona columnada. Si eso sucede, el documento se descompondrá y el usuario se encontrará con un problema inesperado.


Si necesitamos componer un texto en columnas y no es necesario que este fluya de una página a otra, casi siempre resulta más recomendable colocarlo dentro de una tabla que entre saltos de sección. Con ese sencillo truco aligerarás el documento y lo harás mucho más fácil de editar.

En resumen: imágenes flotantes, cuadros de texto y saltos de sección complican el manejo del documento para todo aquel que no sea su autor.


Mantenimiento
Los documentos de Word rara vez se crean como versiones finales. Lo más frecuente es que, antes o después, el texto que hemos formateado cuidadosamente experimente cambios. Por eso, al maquetarlo, es esencial observar la precaución de emplear recursos que simplifiquen su manejo tanto como sea posible.


La solución

Vistos los problemas, veamos ahora la solución.

Como decíamos al principio, las tablas solventan la mayor parte de las dificultades de maquetación que se nos planteen en un documento de Word. Veámoslo con un ejemplo.

Queremos componer el siguiente documento: un texto en la columna izquierda con dos imágenes a la derecha, cada una con su correspondiente pie. La columna derecha terminada en un código QR y una nota referida a él. Toda esta página está maquetada dentro de una tabla de tres columnas. Veamos cómo crearla.

Nuestro objetivo. Esta es la página que vamos a crear sirviéndonos de una tabla para colocar cada elemento en su sitio.

Creación de la retícula

1
Todo comienza introduciendo una tabla de tres columnas y una fila. A partir de ella construiremos la retícula.

2
Con la tabla en el documento, colocamos el cursor en la primera celda y nos dirigimos a Disposición > Propiedades > Columna.

3
Una vez ahí, pulsamos en Medir en. Aquí, en lugar de centímetros, le indicamos a Word que deseamos medir la longitud de las celdas en porcentaje.

4
A continuación, nos situamos en la celda Ancho preferido. Desde aquí señalaremos qué porcentaje del total de la tabla queremos que abarque cada celda. Necesitamos una tabla en la que las celdas de los extremos sirvan como contenedores del texto y las imágenes que vamos a maquetar. La columna central actuará como separador. Así pues, vamos a establecer que los porcentajes de cada una de las celdas sean, respectivamente, 48%-4%-48%. Para ello, tecleamos el porcentaje en Ancho preferido y, a continuación, pulsamos en Columna siguiente.
Cuando hayamos establecido los porcentajes de las tres, pulsamos en Aceptar.

5
Como habrás podido apreciar si has seguido los pasos hasta aquí, la tabla que obtenemos no es todavía la que necesitamos.
Para que adopte la longitud necesaria, tenemos que seleccionar la tabla completa y, a continuación, pulsar en Disposición > Autoajustar > Autoajustar a la ventana. Con ello haremos que la tabla se extienda de margen a margen de nuestro documento.

6
Un último paso necesitamos para crear la tabla a partir de la cual compondremos el documento. Con ella aún seleccionada, pulsamos en Disposición > Autoajustar > Ancho de columna fijo. Con esta característica hacemos que las celdas conserven la anchura que hemos establecido en los pasos anteriores, independientemente del contenido que volquemos en ellas.

Maquetación del documento

Ya tenemos la tabla con la que vamos a estructurar la página. Ahora debemos comprobar cuántos elementos hemos de ajustar en ella. Vamos a necesitar, además de las tres columnas, siete filas para acomodar las imágenes, sus pies y el QR de la esquina inferior derecha. Dos de las filas las emplearemos como separadores horizontales entre las imágenes de la columna derecha.

Las añadimos por cualquiera de los métodos posibles, a saber:

A
Colocarse en la última celda de la última fila y pulsar Intro.

B
Seleccionar la última fila y > botón derecho del ratón > Insertar filas debajo.

C
Pasar el cursor sobre la fila y pulsar el + que se muestra a la izquierda.

Con las filas ya añadidas, seleccionamos las celdas de la columna izquierda y pulsamos en Disposición > Combinar celdas. Así las fundiremos en una sola que albergará la columna de texto principal.

Con ello tenemos ya la retícula para ordenar los elementos de la página. Ahora solo falta colocarlos en sus lugares correspondientes y aplicar los estilos y ajustes necesarios para obtener un aspecto lo más ordenado y armonioso posible.

Las celdas de la tabla se convierten en campos reticulares. Ahora ya podemos colocar en ellos el texto y las imágenes y ajustarlos adecuadamente. Las celdas intermedias actúan de medianiles.

Tablas dentro de tablas

Ya hemos visto la capacidad de las tablas de Word para ordenar elementos en la página. Una capacidad que se puede llevar aún más lejos si consideramos que las tablas pueden anidarse. Es decir, podemos introducir una tabla dentro de otra. Eso nos permite, en nuestro ejemplo, resolver la colocación del QR con la nota que lo acompaña.

Pulsamos en la celda inferior derecha de la tabla principal y, mediante el procedimiento habitual, insertamos otra tabla de dos columnas. En ella colocaremos el texto y el QR.


La capacidad de anidar tablas ofrece muchísimas posibilidades de maquetación y con frecuencia resulta preferible recurrir a ella antes que a la opción de dividir celdas. No obstante, si insertamos una tabla dentro de otra que a su vez está anidada, el resultado puede ser difícil de manejar.


Podemos regular la posición de la tabla anidada empleando las mismas herramientas que usaríamos para alinear cualquier otro elemento dentro de la celda.

Al manejar tablas anidadas tenemos que observar dónde se encuentra el punto de inserción (en la tabla principal o en la contenida en ella), pues esa será la tabla sobre la que se ejecuten las operaciones.

Ocultar la tabla

Cuando ya hayamos completado la maquetación, seleccionamos la tabla completa y, en Diseño de tabla > Bordes, marcamos Sin borde. Quedarán a la vista las líneas de la cuadrícula que señalan el trazado. Para ocultarlas y ver la página sin marca alguna, pulsamos en Disposición > Ver cuadrículas para, alternativamente, mostrarlas y ocultarlas.

Otras aplicaciones

La maquetación de páginas completas no es el único caso en el que las tablas nos pueden ayudar, también podemos emplearlas para ajustes menores.

Por ejemplo, en el documento en el que estamos trabajando deseamos marcar algunos párrafos con un icono al margen que los destaque.

Para ello, podemos crear una tabla de bordes invisibles de dos columnas: la izquierda, situada fuera del margen, contendrá el icono; la derecha, el texto.

En este caso, la creación es más sencilla que en el ejemplo anterior. Podemos insertar la tabla y, con el ratón, arrastrar los bordes hasta alinearlos. Sin embargo, es más preciso emplear el cuadro Propiedades para especificar un margen negativo para la celda izquierda de la tabla. Después habrá que seleccionar la tabla y establecer que el ancho de columna sea fijo.

Solo quedará ya colocar el texto y el icono y ajustar la alineación de ambos dentro de sus respectivas celdas. Por último, ocultaremos los bordes de la tabla.

Automatizar la creación de retículas

Se puede alegar que la ventaja de insertar imágenes flotantes y cuadros de texto es la rapidez. Es cierto que en un primer momento puede parecer más ágil esa forma de trabajar. Pero si contamos el tiempo necesario para alinear los elementos y lo sumamos al que hay que perder en corregir desajustes, la ventaja queda neutralizada.

Por otra parte, dado que las retículas que emplearemos serán habitualmente de dos o tres campos, podemos almacenarlas para insertarlas de un teclazo en nuestros documentos.

Para ello, compuesta la tabla y antes de volcar nada en ella, selecciónala, dirígete a la pestaña Insertar > Texto > Explorar elementos rápidos. Al desplegarlo, te ofrecerá la opción de guardarla como uno de esos elementos (los antes llamados bloques de creación). Así, cuando quieras crear una retícula, solamente tendrás que desplegar el cuadro e introducirla en el documento.

Limitaciones

Word no es un programa de maquetación; eso es algo que hay que tener siempre en cuenta. Todos los trucos que hemos visto son aproximaciones indirectas para resolver problemas de composición de textos. Por tanto, no es raro que nos topemos con dificultades si deseamos llevar el truco demasiado lejos.

El primero es, obviamente, que la maquetación mediante tablas es estupenda siempre que no sea necesario que el texto fluya de una página a otra.

Por otra parte, si nuestro diseño es de más de tres columnas, puede que se produzcan leves desajustes en su anchura. Nos encontraremos así con que no ocupan el porcentaje exacto que indicamos al crear la tabla.

Nótese que la anchura de la última columna es distinta a la de las otras dos. El texto, de igual tipo y cuerpo, ocupa una línea más.

Conclusión

Problemas al margen, las tablas de Word nos permiten crear multitud de diseños, y todo ello al tiempo que preservamos la solidez del documento.